Crónica VicaRuta 2017 – Por Miguel Ángel S.

Crónica especial de nuestro amigo Miguel Ángel.

Bueno quizás esta crónica no sea una “crónica al uso de la VicaRuta”, soy un runner “reciente” y todavía me cuesta casi hasta enterarme de por dónde voy, seguro que todos habéis pasado por eso, pero para mí la VicaRuta 2017 fue una carrera especial. Y digo especial por dos motivos: el primero es que era la primera vez que me enfrentaba “a la distancia larga”, por fin decidí salir de la zona de confort de los 10-15Km donde me suelo mover confiado en que acabo sin penar demasiado y corro libremente sin preocuparme mucho, en el fondo aunque corremos porque nos da la gana creo que a todos nos gusta achucharnos un poco.

Por otro lado se trataba de cumplir una de esas promesas que muchas veces hacemos pero que se quedan en el tintero y terminan por caer en el olvido, pero esta vez no podía ser así. Todo surgió el verano pasado, en una de esas conversaciones de whatsapp que se tienen cuando uno lucha por salir del túnel intentado correr hacia la luz … “El año que viene cuando todo pase tenemos que hacer una carrera juntos”. Y hace unos meses que me prometí a mí mismo que cumpliría todas y cada una de mis promesas.

La verdad es que los días previos pasé algo de nervios, la distancia a pesar de haberla corrido alguna vez con amigos me impone un poco, apenas hace 4 meses que me he vuelto a calzar las zapatillas y lo más sensato sería ir a la corta, pero las ganas lo pueden todo.

Al llegar todo fenomenalmente indicado, hasta había voluntarios en la carretera indicándonos el camino!!! La organización empieza fuerte!

La recogida de dorsales fácil y sencilla, como debe ser, y el ambientillo que se respira como siempre en las pocas trails a las que he ido, muy acogedor. Mi compañero Víctor se retrasa, pero ya voy conociendo a gente del mundillo y en menos que canta un gallo estoy con él en la salida.

A pesar de ser no competitiva empezamos con un buen ritmo, y entre risas y algún chascarrillo salimos de Picón. La verdad es que los primeros kilómetros se me pasan volando, voy con Víctor y durante un rato nos acompaña Nuria, vamos hablando plácidamente, disfrutando del momento entre los bonitos parajes de la zona, que a mí – Manchego de adopción- todavía me llaman la atención y dejan claro que me queda mucho Ciudad Real por conocer.

Los recorridos se me hacen fáciles y rápidos, permitiendo “correr” a pesar de alguna pequeña zona de barro. Alguna zona con subida pone un poco de picante, ahí las sufro especialmente ya que mis fuerzas todavía no están al 100% pero en menos de lo que imagino veo en el reloj el kilómetro 10…. ¡¡¡Kilometro 10 yaaaaa???!!!! Pero si no hemos dejado de hablar y apenas llevamos 52 minutos corriendo! Mi cuerpo responde bien, quizás llevado por ese Víctor incombustible que no deja de hablar conmigo, para que no piense en lo que queda y sobretodo (en definitiva lo más importante) para disfrutar única y exclusivamente de correr con amigos.

Llevamos al punto de separación de las dos distancias, empezamos a correr entre olivos, senderos cerrados de los que disfruté mucho, a pesar de que por altura me iba dando con todo, caminos estrechos  que nos llevaron al pie de la Peña Picón. Esta zona la conozco mejor ya que he ido varias veces en mtb y sé que me va a tocar sufrir. A estas alturas tenemos una pequeña grupeta de 4-6 corredores, que se unen en la conversación y hacen más ameno si cabe el trayecto. Con alegría para mi voy viendo cómo van cayendo kilómetros a buen ritmo. Nos cruzamos ya con algunos corredores que inician la subida a la peña y veo a César, otro de los que han puesto su granito de arena cargándome las pilas cuando las energías estaban bajas. Como siempre me anima y así llegamos al último avituallamiento. Reponemos fuerzas y a subir a la Peña, sé que toca esforzarse, ya he superado mi zona de confort y aunque voy bastante bien la potencia y la fuerza no es lo mío ahora mismo. Me toca andar antes de lo esperado, pero creo que Víctor sabe ya cómo llevarme por el camino correcto, hablamos y en menos que canta un gallo estamos arriba!! Venga, un selfi y para abajo, que bajar me gusta y mucho. La última trialera me pareció de lo mejor, detrás de Víctor bajamos a un ritmo bastante vivo y enfilamos los dos últimos kilómetros hacia Picón.

Justo en la plaza se rehace la grupeta, cosas del destino, y los 4 cruzamos la meta. Antes me preocupaba más por parar el crono y cruzar la meta sin más, ahora solo en levantar los brazos como si hubiese ganado, en pensar en lo que he conseguido y como no, en celebrarlo con Víctor.

De forma algo metafórica, o quizás no, para mí una meta es un paso más que le saco al cáncer que el año pasado sacudió mi vida, son unos metros más que le gano a esa maldita enfermedad, es una pequeña victoria frente a la quimio que intentó consumirme y contra la que tanto tuve que esforzarme, en definitiva es una pequeña lección de vida, de la que soy muy afortunado en poder saborear de esta forma.

Yo no solo corro porque me da la gana, también porque es lo mejor que me ha podido pasar.

Perdón por no haber sido más técnico, pero solo había una manera de expresar lo que fue para mí la VicaRuta 2017.