Hoy 15 de octubre de 2018, soy mas consciente de lo que es la amistad, el compañerismo y la superación. El pasado día 13, 16 valientes, compañeros y aventureros, más todas esas personas que a cada uno/a de los corredores/as les siguen y animan, empezaron una aventura por dónde muchos pies antes habían pisado, por donde muchas promesas cumplidas habían recorrido sus caminos, ese día pasaríamos por la historia de los 450 años de peregrinación de los caminos que van a Guadalupe, e intentaríamos cumplir nuestro objetivo, “Los 113 del Sacer”.

113 km en 20 horas, a las 06:00 de la mañana del Sábado empezaría nuestra aventura, pero, empecemos ésto desde el principio, como se empiezan las historias, conociendo a sus personajes. En esta ocasión quiero hacer una especial mención a mi compañero Domingo Romero Pecellin (Tatanka Yotanka) como le conocí en Facebook, y lo hago, porque quizás sin él, y sus clases de historia, no me hubiera metido el gusanillo para ir a esta carrera, a conocerla de primera mano, por ello te doy las gracias.

El viernes, estuve preparando todo para la carrera, y ya era diferente, pues Rebeca, mi pareja y compañera de viajes, no estaba. Me tocaba prepararlo todo solo y siempre me gusta hacer uso de su buen criterio, ya que me da mucha tranquilidad su ayuda, por lo que empecé a ponerme algo nervioso por si algo se me olvidaba, y lo repase todo 3 ó 4 veces.

Ya después de comer, sobre las 17:00 llego Tatanka, pues iríamos juntos a la carrera, lo cual intente evitar pero es muy cabezón, puesto que 6 días antes habría terminado el ultra trail del rincón en su versión mas larga, 172 km, pero el me dijo, y recordad esta frase para mas adelante “Mi capitán, si usted va yo también voy”.

“Mi capitán, si usted va yo también voy”.

Después de terminar de preparar todo, sobre las 18:30 nos subimos a la furgoneta y nos fuimos hablando tan a gusto hacia Saceruela, pueblo donde sería la salida y donde dormiríamos la noche del viernes, camino que aprovechamos para arreglar un poco éste mundo y contarnos nuestras cosillas.

Al llegar a Saceruela vimos que algunos compañeros/as ya estaban allí, y empezamos a saludar a los que conocíamos y a presentarnos con mucho gusto a la gente que no conocíamos aún y que solo conocía por las redes sociales. Al poco tiempo, bajamos todo de la furgoneta y lo metimos en la habitación donde dormiríamos, allí me junté con otros 5 compañeros. Mas tarde, nos fuimos a cenar, allí, Toti (Rodrigo Moraleda, organizador de la prueba) hizo la charla técnica sobre la carrera y su recorrido, estuvimos un rato hablando en la habitación y nos fuimos a la dormir.

Más pronto que tarde sonó la alarma del primer compañero de habitación, y ahí ya empezó todo, el lavado de cara para espabilarte, revisar lo que anoche dejaste preparado, un desayuno maravilloso con todos los detalles y mas aún, la organización repartiendo los Gps, calzarse y abrocharse los cordones de las zapatillas (todo un ritual para algunos).

Salimos a la calle y no hacía mucho fresco, era una temperatura agradable, nos dirigimos todos hacia la plaza donde será la salida, pero ya se nota que no se habla mucho, cada uno va pensando en sus cosas, sus motivaciones y porque está ahí. Después de la foto de rigor, tomamos la salida, y ahí, en ese preciso instante, es donde mi cuerpo empieza a experimentar todo ese sentimiento que me mueve a meterme en estas aventuras, un sentimiento que me lleva a correr y correr sin parar desde que una familia me llego al corazón, “Gracias a David, Silvia, David y Dani por cambiarme la vida”.

“Gracias a David, Silvia, David y Dani por cambiarme la vida”.

Empezamos a alejarnos de las luces, corremos por una carretera y ayudo a mi amigo Tatanka a poner su Gps con la ruta a seguir, después de estar con el unos metros, le deseo toda la suerte del mundo y empiezo a ir hacia adelante, siendo ese momento súper bonito ya que voy viendo a todos los corredores al pasar a su lado y les deseo suerte, cosa que ellos con gusto me devuelven.

Mas adelante, llego a dos corredores, “El Cocinas” y Alejandro, me dice el cocinas al rebasarlos, que donde voy, que delante solo está el primero, que si voy a por el, me paro y aflojo el ritmo y casi sin darnos cuenta llegamos al km 12 de carrera, donde está el primer avituallamiento.

delante solo está el primero, que si voy a por el

Por fin salimos de la carretera, y entramos en lo que me encanta, tierra y piedras, naturaleza pura y dura, donde, cuando voy corriendo, se va notando como el aire cambia de temperatura según por donde pases, donde unas cuantas mirlas (pájaros), pian asustadas al pasar, donde algunas ramas se mueven al paso de algún animal, que tranquilo, andaba por allí, y empiezo a sentir lo que me gusta, esa tranquilidad que me da correr, esa sensación de bienestar que me saca esa media sonrisa, miro para atrás y no veo a nadie, entonces me acuerdo de mi amigo Tatanka y le deseo suerte de nuevo, aunque el no me pueda escuchar esta vez.

Miro para adelante y decido que estaré en esa posición hasta la meta si todo sale bien, por una vez el trabajo realizado anteriormente entrenando y esos días llegando de entrenar a la una de la mañana, está dando sus frutos. Somos tres los que vamos en este grupo de 2ª, 3ª y 4ª posición, cada uno tan diferente.
El Cocinas, un competidor experto, pues con 49 años, ya se conoce muy bien, Alejandro un Venezolano joven muy majo, que parece ser prudente en sus comentarios. Poco a poco, vamos hablando cuando el coger aliento nos permite, así, avanzamos mas km y empieza a clarear, a querer jugar el sol a asomarse, donde el cambio de colores va por segundos y te hace mirar durante mucho rato ese amanecer tan especial para ti.

Poco después, llegamos a Agudo, donde está el segundo avituallamiento, ya es casi de día, ya voy sudando bien y bebo bastante agua, el Cocinas decide quedarse a esperar a su mujer que está a punto de llegar al avituallamiento y Alejandro que se quedó atrás llega, yo decido esperarlo para salir despacio y que el cocinas pronto nos coja. Seguimos, pasamos un río, hago un video, nos reímos, hablamos y continuamos mientras el compañero llega, seguimos hacia delante y al poco, Alejandro, empieza a quedarse mientras nosotros seguimos a buen ritmo, pasamos unas rectas largas y llanas por las cuales empiezo a notar algo, a apreciar un pequeño dolorcillo en la rodilla derecha, en concreto en la parte externa, pero al poco desaparece.

entonces me acuerdo de mi amigo Tatanka y le deseo suerte de nuevo aunque el no me escucha esta vez

Sin muchos problemas llegamos al avituallamiento del km 38 donde nos dan de todo, ya casi la maratón y llevamos corriendo menos de 4 horas, con lo cual el ritmo es bastante bueno, voy súper contento y medio sonriente pensando en ello.

Salimos andando, ya que hemos comido un poco y necesitamos que el estómago se asiente. A los 5 minutos de ponernos a correr, le comento al compañero, que me empieza a doler la rodilla, ya noto mas el dolor, pero aguanto y sigo corriendo, de piernas me noto fuerte y con el paso de los kilómetros, va calentando la rodilla y hace que el nivel de dolor baje un poco de intensidad. Seguimos corriendo, ya hablamos menos, pero no dejamos de hacerlo, y empiezo a notar de nuevo ese dolor, esta vez me da un reflejo pero me hace apretar los dientes y casi decir “huy” aunque según llega se va, así que, ya cambio la mirada y me concentro en la carrera sin dejar de observar ese dolor y pidiendo que por favor no me de guerra.

Sin casi terminar la frase vuelve a darme, y se queda unos minutos conmigo, para hacerme compañía, así entre idas y venidas llegamos a Fuenlabrada De Los Montes, km 48 de carrera donde está el cuarto avituallamiento. Allí, ya decido sentarme, quitarme la mochila y descansar un poco mas, para ver que pasa con esa rodilla, que por cierto no me deja disfrutar al 100% y me quita bastante atención a la carrera, entonces, como y me hidrato bien. Mientras, llega Alejandro, que nos sigue de cerca y me alegra verlo, hablamos y después de estar allí un rato “El cocinas” y yo, decidimos seguir.

casi la maratón y llevamos corriendo menos de 4 horas, con lo cual el ritmo es bastante bueno, voy súper contento

Nada mas empezar, noto el dolor y empiezo a modificar la pisada, pero sigo corriendo y avanzamos los 13 km que nos separan del siguiente avituallamiento, aun así consigo llegar a buen ritmo, con el dolor en un nivel 7 sobre 10, para así llegar al avituallamiento ya con mas calor esta vez. Aquí está la bolsa de vida, decido hacer uso de ella, me tomo un caldo de pollo caliente (me ayuda siempre a abrir el estómago si va cerrado, “os lo recomiendo”), no cambio de zapatillas ni calcetines pues voy bien y no lo necesito. El compañero me da un spray de frío en la rodilla, a los pocos minutos llega Alejandro.

Como siempre, después de hidratarme y comer bien, decidimos salir de nuevo los dos juntos, al salir vemos a los que irían en 5º y 6º posición, por lo que decidimos seguir adelante, empezamos a correr y noto que mi rodilla va a peor, “nivel 8”, noto una sensación rara como de alegría y agobio a la vez, pues me doy cuenta que vamos en puestos de pódium, 2º y 3º, que nos recortan y es una sensación totalmente nueva para mi, pues siempre fui de los últimos “y con mucho orgullo”. Así que, seguimos corriendo observando la rodilla y aprendiendo que son esas sensaciones nuevas que me pasan por la cabeza.

Continuamos, km 65, 66, 67.. de repente una sensación que llega sin avisar, el calor, algo que antes solo lo notabas un poco. empieza a meterse en la baraja de cartas con la que luego te toca jugar la partida, así que, por alguna razón, la rodilla junto con el calor empiezan a agobiarme y pienso que quizás tenga que aflojar el ritmo, pero solo lo pienso, no lo hago.

Siguen pasando los km y cuando llegamos al 72 aparece una rampa que me sube el nivel de dolor al 9, para llegar a un tramo de carretera de 4,5 km, donde el sol aprieta sube la temperatura, y el asfalto lo acentúa aún mas. Le digo al Cocinas que tire, que no quiero ser un lastre, se aleja entonces unos metros y le aconsejo beber agua, que hace calor, me contesta que se le acabó hacia ya un rato, decido ofrecerle de la mía y sigue con ritmo lento pero continuado. Lo veo alejarse y pienso que me da pena perder esa posición pero confió en que como estoy fuerte de piernas, podré, después de comer, beber y descansar, recuperar esos metros que me saca.

Llego al avituallamiento del km 76,5 donde el, llego unos minutos antes. Me ofrecen arroz, pollo, y diferentes bebidas, todo un lujo, tomo asiento, pongo los pies en alto y me tomo mi tiempo. El compañero se marcha y le digo que yo me quedo un rato, que tenga suerte y mucho ánimo, una pena después de compartir toda la carrera juntos.

me tomo un caldo de pollo caliente (me ayuda siempre a abrir el estómago si va cerrado, “os lo recomiendo”)

Me dispongo a salir, empiezo a andar después de que los chicos de la ambulancia me dieran un poco de frío en la rodilla, recorro 2 km aproximadamente andando con la intención de que la comida baje y con esperanzas de que mi rodilla no me moleste tantísimo.

Pero no sucede, el dolor en ese punto de la carrera es insoportable, decido llamar a mi gran apoyo, a la persona que siempre está ahí, llamo a Rebeca y le digo que no puedo continuar, que me duele un montón, y que es tontería pasarlo mal. Le explico que poco a poco, el dolor ha ido a más, ella me anima diciéndome que no pasa nada, que habrá mas carreras, me termino de convencer y me doy la vuelta hacia el avituallamiento. En ese camino hablo con mis grandes amigos, David Kala, Miguel Somoza, Raúl y Paquito, por que no estoy muy convencido de abandonar. Les estoy siempre muy agradecido por esta ahí siempre pendientes de mi en estas locuras.

Después de hablar con ellos, y con mis padres, me decido por abandonar del todo y empiezo a andar hacia el avituallamiento, todo esto, fácil que fueran 30 minutos, así que me cruzo con Isabel Moleiro y David Faustino, se paran y me preguntan si estoy bien y les digo que abandono por la rodilla, que no puedo más con ese dolor tan insoportable, que pasan a ser 3º y 4º, que mucha fuerza y mucho ánimo.

Más tarde, me cruzo con María Rivero, Bachira y Miguel Ángel, los cuales hacen lo mismo, pararse y preguntarme. Al verlos marchar, me da mucha pena, pero me voy cabizbajo hacia el avituallamiento, decidido a abandonar, entonces me cruzo con Rodrigo Moraleda, uno de los organizadores de la prueba junto con su mujer, y me dice: “¿Qué haces?, ¡no abandones!, tu verás pero te vas a arrepentir siempre, si estás muy mal hazlo, pero tú decides, anda venga que te espero en meta”.

Me quede en el arcén de la carretera pensando que hacer, y solo tuve que mirar arriba y decir: “tú no estás aquí, yo si”, y decidí seguir, entonces, ahí, en ese preciso instante, y aunque no os lo creáis, en el km 78 empezó mi ultra. Decidí buscar una nueva motivación para llegar a meta, diferente a la de ir en los puestos de cabeza, y fue fácil encontrarla, David fue una, otra, fue el recuerdo de una frase: “Mi capitán, si usted va, yo también voy”. Entonces decidí que tenía que llegar a pocos metros de la meta para así poder esperar a mi amigo Tatanka y entrar con el, que lo estaba pasando mal por el cansancio acumulado ya que como os recuerdo, hacía solamente 6 días, corrió 172 km y se apuntó a esta carrera porque yo corría.

¿Qué haces?, ¡no abandones!, tu verás pero te vas a arrepentir siempre, si estás muy mal hazlo, pero tú decides, anda venga que te espero en meta

Me decidí a seguir, y como si llovidos del cielo, se me fueron presentando nuevos compañeros de batalla, él primero que apareció fue Constantino Moledo, Cons para los amigos, el cual decidió parar de correr, para acompañarme andando del km 79 al 88, kilómetros que hicimos sin correr ni un solo segundo y sin parar de hablar. Eso me hacía que el dolor fuera menos intenso y así desviar la atención, gracias a el llegue al km 88 donde Ceci, la otra organizadora del evento estaba en el último avituallamiento, del cual al ver marchar a Cons pensé que se iba a hacer muy largo, por allí también pasó David Araya, que llego, nos saludamos, nos deseamos suerte y siguió su camino.

Al levantarme de la silla, me di cuenta que casi no podía ni andar, y sin dudarlo, tiré de lo mejor que tengo, mis amigos y mi pareja, y fuí hablando con ellos.

Se metió la noche y todo parecía ya con la luz del frontal muy borroso, me perdí y recorrí un kilómetro de mas, pero volví al camino, pues tenía que esperar a Tatanka en meta fuera como fuera. Lo llame pero no tenía cobertura, así que, le deje un mensaje con piedras en el camino “ánimo Tatanka” y seguí adelante, entonces es cuando te das cuenta que la vida está llena de instantes, de momentos, de sensaciones y sobre todo de sentimientos, es cuando todo sale a flor de piel, se junta el dolor que sientes y lo contenido durante el día a día. Se me escapan algunas lágrimas y eso me emociona mas, pues así es como me gusta hacer una ultra, no llorando, sino sintiéndola, por cada poro de mi piel, y ahí es donde vuelvo a tener esa sensación del principio cuando el aire cambiante de temperatura te da en la cara, donde los pensamientos y donde todo tu yo interno, se juntan para demostrarte que si se puede, que como me dice mi amiga Silvia, si se quiere se puede.

Entonces, ya cojeando sigo avanzando por la noche oscura, cerrada y silenciosa, donde solo el ladrido de algún perro a lo lejos te aparta del sonido de tus pisadas, y solo sigues el camino, como si eso fuera la única salida que tienes, pues es lo que te has propuesto y no puedes fallarte a ti mismo.

Unos km mas adelante veo una pequeña luz, y pienso que sería una casa a lo lejos, pero según sigo avanzando veo que es mi compañero Alejandro, el camino también le ha dejado huella y avanza muy muy lentamente. Me uno a él, y los dos vamos cojeando hacia la meta juntos.

Desde el km 96, la carrera se convierte en un silencio donde sólo se oye el quejido de uno de los dos de vez en cuando, y el ánimo que uno al otro nos damos cuando sacamos fuerzas, en ese momento somos compañeros de batalla.

Me doy cuenta que ya habla poco y solo dice si y no o sopla, así que, me pongo a hablarle de otras carreras mías, y hablo de mi vida, de mi familia y de mis cosas en general, nos hablamos como a cual psicólogo las pequeñas cosas cotidianas que te alegran o entristecen, pero el silencio en largos periodos es inevitable, Alejandro va literalmente fundido y yo llevo un dolor inaguantable y mucho cansancio acumulado.

Alejandro va literalmente fundido y yo llevo un dolor inaguantable y mucho cansancio acumulado

De repente, después del frío, y con el único sonido de los gemidos de cada uno de nosotros al pisar una piedra, en mi caso una bajada o una mala pisada, vemos unas luces, son las luces de Guadalupe, la meta, mi meta, nuestra meta, y nos ponemos contentos porque sabemos que aunque está lejos vamos a llegar, nos va a costar, pero subiremos esas escaleras de la Catedral donde está la meta.

Y eso hacemos, después de casi una hora de ver las luces Alejandro y yo ya estamos casi en el pueblo, empezamos a entrar por sus calles, sonreímos y el saca orgulloso la bandera de su país, avanzamos y de repente la plaza, la catedral inmensa con sus alumbrados en la piedra, con los compañeros que antes llegaron, y con un sentimiento que te recorre por todo el cuerpo, los pelos se ponen tan de punta que hasta notas el bello de la cara, en ese momento todo duele menos y te sientes genial.

Pero ahí, a punto de cruzar la meta, es donde la alegría por llegar y la pena por terminar esa vida en un día conviven, donde te das cuenta, que ése es tu sitio y que dentro de poco, va a terminar. Subo el primero de los dos tramos de escaleras, y paso con mi compañero por la alfombra roja, pero no cruzo del todo, miro atrás y visualizo a mi amigo Tatanka, solo, mirando a sus pies y parte del camino iluminado, en silencio, tan solo roto por esos pasos ya cansados y sin saber que yo le voy a esperar hasta que llegue.

mirando a sus pies y parte del camino iluminado, en silencio, tan solo roto por esos pasos ya cansados y sin saber que yo le voy a esperar hasta que llegue

Entonces le digo a la organización que no, que no paso sin el, que yo me quedo ahí hasta la hora que sea, que confió en él y sé que llegará, así que, me siento en unos escalones mas abajo y decido esperarle solamente mirando a esa calle por la que tiene que aparecer. Los bares de la plaza van cerrando, las luces se van apagando, la gente empieza a marcharse, parejas que pasean mirando inconscientes sin saber que yo no me muevo hasta que llegue y que dentro de mi, estoy dándole ánimos.

Cada vez hay mas silencio, hasta que llega el autobús para llevarnos a Saceruela, que está a una hora y algo de allí, en ese momento la organización se va a por María, una compañera que decide abandonar, y me doy cuenta que mi amigo ya no tiene nadie por detrás de él. Miro a esa calle, y digo, “vamos, tu puedes llegar, confió en ti”.

El autobús se va, y me quedo solo tapado con una manta en las escaleras, con la inmensa catedral a mis espaldas, la plaza vacía y espero y espero, hasta que por fin, veo algo moverse entre las columnas de la plaza, miro bien y reconozco ese sombrero, ese pantalón hortera y esa camiseta verde, es él, ya llega.

Me quito la manta, me levanto a duras penas y llega hasta mí, nos abrazamos y le digo que no he entrado en meta, que le estoy esperando desde que llegue para entrar con él. Le veo lágrimas en los ojos y eso me emociona a mi aún mas, nos cogemos fuerte de la mano y juntos vamos escalón tras escalón hacia arriba, hasta que esa alfombra que parecía tener cientos de metros, termina y nos abrazamos con mas fuerza que nunca, nos cuelgan la medalla de Finisher y nos arropan con una manta, entonces miro arriba y digo, “David, una más, gracias por todo”.