Foto: Ayuntamiento de Ciudad Real.

Ciudad Real acogió el domingo la vigésimo tercera edición del Quixote Maratón, una prueba que debe aprender de sus errores y aciertos para dar un salto de calidad que se antoja más que necesario en una época en la que el atletismo se ha convertido en un deporte de masas.

Ciudad Real volvió a vestirse de gala este domingo para acoger la vigésimo tercera edición del Quixote Maratón, su octava media maratón y el cuarto 10K; una cita que, además, contó con el valor añadido de convertirse en Campeonato de España Máster en la categoría reina. Con todos estos mimbres, algo más de un millar de participantes se dio cita en una prueba que goza del cariño de gran parte de los atletas de la provincia pero que, pese a su longevidad, no termina de consolidarse.

Es cierto que todos los que corremos el Quixote Maratón en sus distintas distancias lo hacemos con un amor enorme al mismo, que cada año solemos cumplir con esta cita y que, pese a la inestabilidad de los últimos tiempos, jamás nos imaginaríamos perder esta prueba. No obstante, y lejos de caer en la complacencia, todos tenemos claro que nuestro Quixote debe aprender de los errores, y también de los aciertos, para crecer y convertirse en una cita de referencia.

Así, nuestro objetivo no es otro que enumerar aquello que, como corredores populares, percibimos tanto en el debe como en el haber del único maratón de la región. Más allá de los ganadores en las distintas categorías, con especial capítulo para un portento como Gemma Arenas, en nuestra revista vivimos por y para el atleta popular y, siendo realistas, la organización parece no terminar de entender que el ‘popular’ es su target. Un Campeonato de España no puede tapar las carencias de una prueba que en un 90 por ciento de los inscritos está integrada por aficionados que, en mayor o menor medida, disfrutan de la calidad del Circuito Provincial casi semanalmente o han tenido la suerte de correr en pruebas a lo largo de todo el territorio nacional.

El Quixote Maratón 2018 tuvo cosas buenas, cómo no; como por ejemplo la impagable labor de sus voluntarios, el esfuerzo organizativo por aunar esfuerzos en la ciudad, el gran apoyo de las instituciones, la cálida recepción a los corredores o una entrega de dorsales cómoda y fluida. No obstante, y salvo el caso de la recepción, son pilares que se presuponen a cualquier carrera de prestigio que se precie. Máxime cuando no hablamos de una prueba especialmente barata para el corredor. Por cierto, también reseñable el hecho de entregar una medalla en meta, algo que siempre agrada a los que, como nosotros, coleccionamos carreras.

Pero siendo sinceros, tenemos que reconocer que la prueba tuvo demasiados lunares. Este año el nivel ha sido peor que los anteriores y los elementos a mejorar son muchos. Partimos de un problema con el recorrido que se viene arrastrando desde hace años y ya urge dar una vuelta a un trazado que no invita a nadie a aficionarse al noble deporte del atletismo y que convierte en gesta épica el mero hecho de plantearse correr el maratón. Ciudad Real no es muy grande, pero hay miles de fórmulas para dotar de más alicientes al trazado. De hecho, resulta incomprensible que apenas se atraviese el centro de la ciudad, cuando todos los maratones del país lo hacen. A este problema con el trazado se unió este año la particularidad del tramo en obras en la Avenida de los Reyes Católicos junto al Quijote Arena, un problema solventable pero que no se evitó y, a nuestro pesar, tenemos que reconocer que resulta inaudito tener que atravesar, por pocos metros que sean, un tramo de asfalto en obras en una prueba que, además, es valedera para un campeonato nacional. Algunos de los participantes no daban crédito. Nosotros tampoco.

A ello se sumaron los problemas con el avituallamiento, según nos han trasladado algunos corredores del maratón, en la parte final de la prueba (durante la media maratón y el 10K todo fue correcto) y una ausencia de público alarmante. Es cierto que la organización no es culpable del poco apego al deporte del ciudadano medio, pero hay muchas maneras de incentivarles para salir a la calle. Por decir alguna: música en directo, concursos de animación para peñas, batucadas… es tan sencillo como ver qué hacen otros.

Otro detalle que nos llamó mucho la atención fue ver cómo en la entrada a meta de los maratonianos apenas se encontraba apoyo. De hecho, vimos en primera persona como alguno terminó la prueba con ciertos problemas para mantenerse en pie y fueron demasiados los segundos que transcurrieron hasta que alguien se atrevió a tenderle un brazo. Demasiada gente en meta, y pocos pendientes de lo realmente importante. En estos casos, toca salir como un resorte para que no falte de nada a quienes llegan. Problema serio.

En definitiva, lunares que merman muchísimo a la prueba y que ensombrecen otros logros como el gran trabajo con los más pequeños en la carrera escolar y la entrega de todos los organizadores y colaboradores. De veras que no queremos ser negativos y que estas impresiones vienen a sumar, pero nos vemos en la necesidad, por el cariño que le tenemos a la prueba, de contar todo aquello que vimos desde dentro y que nos han trasladado decenas de lectores.

Para sumar, para ayudar, para todo aquello que se nos requiera, el Quixote Maratón nos tiene a su entera disposición. Pero siendo conscientes, como lo somos a diario en esta humilde plataforma, de que la crítica es fundamental para crecer. Ojalá el año que viene solamente narremos éxitos.