“Somos nosotros los que nos levantamos muros y somos nosotros mismos los que podemos superarlos”

Miguel Ángel Somoza tiene 42 años y aunque no lleva demasiado tiempo corriendo, la práctica del running le ha servido de mucho. Tanto, que cada kilómetro y cada zancada han forjado una personalidad y una mente tan fuertes que han sido capaces de sobreponerse a un cáncer testicular. Miguel Ángel superó esta enfermedad y su ejemplo debe servirnos para saber que una actitud positiva y el amor por el deporte son unos pilares más que importantes para poder salir adelante.

Miguel Ángel, cuéntanos tu historia de amor con el running

Hasta los 40 años no me gustaba correr. He sido muy asiduo a las pesas, pero siempre he optado por el gimnasio o la bicicleta. No obstante, con 38 años esto me comenzó a cansar y aunque me invitaron a correr muchas veces, nunca me terminó de enganchar.  Tengo una compañera de trabajo, Nuria, que siempre me picaba, pero no terminaba de dar el paso. Aun así, con motivo del primer duatlón de Ciudad Real me interesé y empecé a prepararlo. Aunque no me veía, me siguieron animando y me decidí después de que me soltasen la mítica frase “no hay huevos”.

Marta, mi mujer, siempre me anima a estas cosas, todo lo que yo dudo si seré capaz ella está segura de que lo haré y me animó a prepararlo, así que comencé a correr un domingo. Mi primera meta era hacer los seis kilómetros que se pedían para el duatlón y se me dio muy bien, empecé a entrenar y en ese momento sí me encontré cómodo y cada vez fui subiendo los kilómetros y bajando los tiempos. Tanto, que en el duatlón seis se me hicieron cortos, si bien los últimos tres los pasé mal después de la transición. Ése fue mi inicio con el running.

Pero hay más factores que te unen al running.

Después de esto decido seguir corriendo porque me había enganchado. Me hice con una bicicleta mejor y poco a poco fui corriendo más y entrenando más, cada vez hacia menos pesas y salía más a correr. A raíz de esto comencé también a notar algo extraño en mi cuerpo, sobre todo tenía la sensación de tener un testículo dormido y pensé que era algo relacionado con la bicicleta. Durante un tiempo decidí dejarla aparcada y me centré en correr, en trails y en diferentes carreras. En vacaciones decidí seguir corriendo y después de este tiempo la primera vez que cogí la bici volví a experimentar esa sensación. Fue entonces cuando decidí acudir al urólogo, que fue contundente al hacerme la primera ecografía diciéndome directamente que era un tumor y que en el 99 por ciento de los casos de tumores en los testículos son cáncer. Era maligno, pero se trataba de un proceso sencillo, se extirpa, se analiza y según vaya tienes todo se decide si necesitas o no quimioterapia. En mi caso sí fue necesaria porque no estaba claro si se había extendido,  a raíz de la cirugía aparqué el running y lo retomé cuando la cirugía y la quimio me lo permitieron.

¿Cuánto tiempo pasó?

Me operaron un 28 de julio y la primera vez que volví a correr fue en noviembre. Todo fue muy rápido. Cuando te enfrentas a la quimio la gente te aconseja que dejes de hacer esfuerzos, pero yo no hice caso, porque mi cuerpo me pedía correr. Es cierto que con mucha precaución porque se trata de una cirugía muy invasiva y no recomiendan impactos, así que a falta de poder correr opté por utilizar la bicicleta de spinning que tengo en casa. Al tercer día de la segunda sesión de quimio yo ya estaba haciendo una hora de bicicleta.

¿Crees que el deporte te ha ayudado en tu recuperación?

Muchísimo. Hay un factor clave que indica cómo me ha ayudado, sobre todo el running a superar esto. Cuando corres y vas mal tienes que sobreponerte al cansancio físico, pero es sobre todo la cabeza la que te pide que pares y te manda señales negativas, creo que en ese momento todos intentamos centrarnos en cosas positivas para no parar de correr y llegar a meta. Yo he tratado de aplicar eso que correr me enseñó a mi enfermedad y siempre he tratado de cambiar el paso cuando mi cabeza me enviaba impulsos negativos. Aunque fuese andar, pero siempre intentaba hacer algo en esos momentos. El tema psicológico y la ayuda del running enseñándome que puedo hacer cosas que creía imposible ha sido muy importante. Muchas veces somos nosotros los que nos levantamos muros y somos nosotros mismos los que podemos superarlos.

¿Qué has aprendido en este tiempo?

No me gustaría quedarme con algo referente a la enfermedad. La lección que he aprendido es que nada es imposible, que la enfermedad me ha demostrado que he podido recuperarme rápido e incluso he recuperado mi nivel físico antes de lo que cabría esperar. De hecho, estoy más fuerte que antes de la enfermedad porque mi cabeza ha cambiado y ha aprendido a gestionar los problemas de una forma mucho más positiva y eficiente.

¿Qué le dirías a la gente que cree que es imposible que el deporte o una actitud positiva te ayuden a superar hasta una enfermedad?

Es cierto que si te toca, te toca; y un cáncer te cae del cielo. No te puedes lamentar aunque pases días jodidos; esto es como estar en medio del océano y tener que decidir si eres corcho o plomo. Si eres plomo sabes que vas hacia abajo y pierdes antes de tiempo. Si eres corcho no te garantizas nada pero lucharas por estar a flote y llegar a la orilla, la actitud positiva es fundamental. En este tiempo me he informado mucho sobre el tema y he descubierto que en el Hospital 12 de Octubre hay una unidad que trata estas enfermedades con el deporte como parte del tratamiento y aseguran que ayuda a disminuir mucho los efectos secundarios de la quimio. Así que la relación y la ayuda son reales.

¿Cómo afrontas ahora cada paso que das en la vida y cada paso en una carrera?

Antes pasaba una meta y me centraba en parar el reloj y ver los tiempos. Ahora, cuando cruzo una línea de meta siento como se me cierra la garganta y se me humedecen los ojos. Ahora saboreo pequeñas cosas independientemente de la distancia o la dureza. Suena a tópico, pero es cierto.

Tu ejemplo es muy trasladable a cualquier ámbito de la vida. ¿Crees que podemos permitirnos el lujo de no luchar?

Por supuesto que no. Es cierto que a veces nos dejamos llevar por la corriente, pero una experiencia como ésta te hace ver las cosas de otra manera.

¿Crees que nuestra sociedad solamente se acuerda de la enfermedad una vez al año, cuando toca conmemorar el día? ¿Crees que tenemos que hablar más de ello?

Es cierto que se está avanzando porque las nuevas generaciones tenemos menos tapujos a la hora de hablar. Hay gente que teme incluso decir la palabra cáncer, pero hay que hablarlo y esto nos ayudará a ayudar a los demás. Yo no tengo ningún tabú. Es cierto que el primer día te hundes, pero recordé que un viejo amigo de Facebook del que hacía mucho que no sabía nada había escrito que había pasado la barrera de diez años de supervivencia tras un cáncer. Le mandé un mensaje y conseguí hablar con él. Fue él quien me explicó a qué me enfrentaba desde un punto de vista muy humano, me contó su experiencia y supe que se puede salir adelante. Esos 20 minutos de charla con Roberto fueron fundamentales y me ayudaron a saber que, paso a paso, hay que seguir adelante. Se puede llorar en el primer día, pero luego toca ir dando pasitos para superarlo.

¿Es posible superar el miedo?

No. El temor existe y quizá ahora me pongo más nervioso con las revisiones que con todo el proceso que he vivido. Aun así, hay que afrontarlo y tengo que usar mi cabeza para racionalizarlo todo. Además, por suerte, en mi círculo puedo hablar abiertamente, Marta sabe templarme en esos días en los que estás más nervioso por las revisiones y eso ayuda. Incluso esta entrevista ayuda.

¿Qué retos te marcas ahora?

Poco a poco quiero ir subiendo distancias, afrontar un maratón y superar todos los retos que se me pongan por delante.

¿En este tiempo te has mirado en algún espejo?

Tengo mucha suerte por el círculo que me rodea. Mi gente me ha ayudado mucho a aportar normalidad a mi situación y mis amigos han estado muy encima. La comunidad runner me ha ayudado mucho. Pero una persona que sigo mucho en redes en Valentí Sanjuan y sus vídeos me han ayudado mucho mostrándome vitalidad y ganas de acortar plazos.

¿Y crees que eres un ejemplo?

No quiero serlo. Eso sí, todo el que quiera ver algo positivo en todo lo que me ha sucedido y he afrontado ahí me tiene. Hay millones de personas que son ejemplos; esta enfermedad está muy cerca de todos nosotros y hay gente con casos peores que se toma la vida de una forma admirable.

¿Qué le dirías a aquellos que viven en su burbuja de problemas y no se para a valorar la vida?

Es muy difícil explicar a alguien como debe ver las cosas. Pero siempre ayuda ver cómo otros superan los problemas, como el caso de Pablo Ráez, que ha ayudado a salvar a mucha gente concienciando sobre la importancia de las donaciones y también porque ha despertado a muchos que ni se planteaban cierto tipo de problemas. El ser humano tiende a ver solamente sus problemas y es normal que fijes tu escala en tu día a día, pero si relativizas muchas veces te das cuenta de que tus problemas son tonterías.

¿El final triste de Pablo Ráez ayudará?

El final feliz hubiese supuesto caer en el olvido. Por desgracia, su final trágico hará que nadie lo olvide y ha dejado una figura de lucha altruista a la que todos admiraremos y recordaremos. En el tema del cáncer tiene que potenciarse la investigación, y aunque hemos avanzado, tenemos que seguir dando pasos hacia niveles de curación cada vez más altos. El ejemplo de Pablo Ráez será de mucha ayuda en ello.

Por último te vamos a hacer la pregunta que hacemos a todos nuestros entrevistas ¿por qué corres Miguel Ángel?

Como dice vuestro lema: porque me dala gana (risas). Ahora en serio, porque me aporta mucho positivo, ya no es algo solo físico, sobre todo me ha ayudado a aprender a controlar mejor los estímulos negativos que todos recibimos en nuestro día a día y a saber que soy capaz de mucho más de lo que yo creo. Por eso, no voy a dejar de hacerlo nunca.