Tras un par de meses en “boxes”, volví a recuperar esas ganas y energías que me faltaban para ponerme las zapatillas, aun así, necesitaba una motivación extra para darle sentido a las tiradas largas de entrenamiento. Y como siempre, las cosas ocurren en el momento que deben de ocurrir. ¿Porque no participar en EL TRIPLE IRONMAN DE ALEMANIA?

Cuando me inicié a correr mi reto era, cómo no, llegar ha analizar la distancia maratón algún día. Esos 42 Km tan soñados por tanta gente. Una vez conseguido, me di cuenta que el maratón es la puerta de entrada para las ultrasmaratones.. Pues con el Triatlhon pasa algo parecido. En este caso la puerta de entrada a la ULTRA RESISTENCIA DEL TRIATLON es la distancia IRONMAN (3,8 Km nadando, 180 Km en bicicleta y 42 Km corriendo).

Antes de la expedición al Everest, había sido finisher y con un tiempo normalito en dos distancias IRONMAN, y como no me motivaba bajar ni tan solo un segundo esa marca no quería repetir otra prueba igual. Pero tres IRONMANES SEGUIDOS. Joder eso sí que me motivaba. Así que presenté mi curriculum a la organización para que fueran ellos quienes decidieran si en Julio del 2014 podría tomar la salida con otros 50 triatletas de todo el mundo!! Estaría con la “creme”, aunque mi madre siempre me decía, que éramos los 50 más gilipollas de todo el planeta.

El 25 de Julio de 2014 a las 06,50 horas estaba dentro de una piscina de 50 metros con otros 49 atletas. En los alrededores, centenares de familiares y personas de la organización, entre todos ellos, había dos personas muy especiales; mi pareja María y mi amigo Pablo. Serían quienes me llevaran a cruzar la línea de meta. Fuera de la piscina y a miles de Kilómetros… un centenar de personas “enganchados” a la Televisión para seguir todo muy de cerca.

El pistoletazo de salida fue a las 07.00h, esos 10 minutos de espera dentro del agua, fueron eternos. Atrás, se quedaban las cientos y cientos de horas de entrenamiento, había llegado el momento. Solo tenía que hacer lo que sabía hacer. Nadar, pedalear y correr. Solo eso.

¡One minute to go!. Se escucha con acento Alemán por megafonía. Echo el último vistazo a María y a Pablo, me coloco las gafas de agua, me ajusto el gorro, me lleno los pulmones de aire y comienza la prueba. Por delante 58 horas de límite para finalizar, 11,4 Km a nado en una piscina de 50 mt, 540 Km en bicicleta de carretera en un circuito de 5 Km y 126Km a pie en un circuito de 1Km.

Pasaban las horas, los jueces contaban vuelta tras vuelta a cada uno de los atletas, parábamos en el borde de la piscina, comíamos y nos hidratábamos. En poco más de 3 horas, sale el primer atleta del agua. Levanto la cabeza y pienso, joder si fuera yo ese, ya me hubiera quitado la peor parte, la que menos me gusta. Pero en segundos vuelvo a mi humilde realidad y aun me queda una hora y media más para finalizar. Pasan los minutos y siguen saliendo atletas, nos vamos quedando cada vez menos. Entre ellos Matías, un Austriaco de unos 40 años que se echaba a la boca puñados de arroz crudo (Al parecer y según adivinó Maria era para no marearse. Más adelante, Matías se convertiría en el verdadero héroe de la prueba. Al menos para mí.

María y Pablo, me ayudan a quitarme el traje de neopreno y me secan el cuerpo. Salgo muy contento porque ya me he quitado el segmento del agua. Ahora a por los 540 Km en bicicleta, alrededor de 24 horas sin parar. Sin dudarlo comienzo a pedalear. Como siempre, debo de engañar a mi mente. Pienso únicamente en los primeros 200 KM (poco más de la distancia de un IRONMAN) y de momento ese es mi objetivo. Una vez llegados a ellos la idea es comer algo y continuar de 100 en 100.

Hasta el Km 300 todo va genial, pero después y coincidiendo con el inicio de la primera noche comienzo a tener los primeros bajones físicos y mentales. Ya he pasado varias veces por estas sensaciones y estoy preparado para afrontarlo. Saco del “cajón de los recuerdos” todos aquellos momentos vividos en mi vida que me hacen sentir bien y alegre… eso me hace recuperarme muy poquito a poco. La noche se hace larga, ir en bicicleta por una carretera totalmente a oscuras únicamente utilizando la luz de mi frontal hace que esfuerce mucho la vista para no salirme del arcén y ese esfuerzo extra de concentración me hace desgastarme un poquito más. Aquí, y como en otros triatlones, tampoco podemos rodar en grupo.

Amanece el sábado y sigo pedaleando, aún me quedan 100 Km. Los primeros rayos de luz me calientan y lo agradezco mucho, es una sensación muy agradable. María y Pablo, se han turnado para dormir, (Aunque apenas han conseguido dormir más de dos horas cada uno). Una tienda de campaña instalada en el parque del pueblo nos hace la función de campo base. La casa de María y Pablo para todo el fin de semana.

Cerca de las 12.00 h, término con el segmento de la bicicleta, han sido 24 horas con frio y viento en muchas ocasiones. Ya solo me queda la última parte de la prueba, lo que mejor se me da y mejor conozco. Para acabar todo esto, necesito correr 126 Km. El circuito es de un kilómetro, es la vuelta a unos edificios con un ligero desnivel.

Llevo cerca de 30 horas sin parar, a partir de aquí todo es nuevo para mí. Nunca antes había pasado de las 30 horas y menos aún hacer dos noches seguidas sin dormir. Todo esto me motiva mucho, estirar mis límites un poquito más. Debo de  escuchar mi cuerpo muy bien y sobre todo engañar a mi mente. Llevo 30 horas haciéndolo… un poquito más y esto acaba!!

Según tenía previsto, dejo la bicicleta y hablo con la organización, para avisarles que voy a ducharme y cambiarme de ropa antes de comenzar la carrera. Es parte de mi estrategia para acabar. Necesito sentirme limpio y cómodo. Me ayudan a meterme en la ducha, no puedo ni moverme, me duele todo el cuerpo. Muy despacio consigo ducharme y ponerme mis mallas y camiseta favoritas. Solo son 126 Km (pienso), lo he hecho muchas veces, una más y ya!!

Solo son 126 Km (pienso), lo he hecho muchas veces, una más y ya!!

Sobre las 14.00 horas y con el cuerpo dolorido inicio la carrera a pie, hace mucha calor. Muchos de los atletas están ya corriendo, otros aún en bicicleta. Entre los atletas hablamos, nos reímos, comentamos como ha ido la noche, en cada vuelta de 1 Km María y Pablo me saludan y animan con la misma energía. Es alucinante el esfuerzo que están haciendo, sus caras transmiten agotamiento. Son muchas horas también para ellos. Pero en su mirada hay mucha ilusión y eso no se puede ocultar. Es lo que me empuja a seguir.

Con 50 Km en las piernas comienza a entrar la segunda noche, me encuentro muy bien y quedo con María y Pablo en que duerman un poquito. Sobre la 01.00 h comienzo a decaer, lo noto y tiro de mis recuerdos, de canciones favoritas en el MP3, canto en voz alta… pero nada, no funciona nada. Sigo decayendo. Me siento en la acera y comienzo a llorar, lloro sin parar. Estoy en lo más bajo. No puedo continuar. Se ha acabado todo. Pero qué coño hago dándole vueltas a una manzana de 1 Km!!! Al final lleva razón mi madre!!

Siempre he defendido que la actitud es la verdadera arma del ser humano, es lo que nos diferencia, es lo que nos hace fuertes o nos hunde…

Como si una fuerza externa me levantara de la acera, comienzo a caminar… y a los pocos minutos a correr despacito. Los pensamientos se hacen positivos y así comienzo a devorar Kilómetros hasta llegar a las 14.00 h. del domingo y finalizar UN TRIPLE IRONMAN en 55 horas.

Han pasado tres años de aquella prueba, muchos días me acuerdo de ella. Fuera de lo que es el reto deportivo como tal y de su envergadura. El aprendizaje fue brutal en todos los sentidos. El poder de la mente, la motivación, la influencia de los pensamientos, el apoyo de tu gente querida, que hacen tu reto su propio reto… eso sí que es grande!!

Al inicio, os hablaba de Matías, el hombre que comía arroz crudo en la piscina. Para él, su reto era finalizar la prueba dentro o fuera del tiempo establecido. Tras finalizar las 58 horas del tiempo macado por la organización, a Matías, aun le quedaban 30 Km para acabar. El siguió corriendo, ignorando como la organización desmontaba la meta, como el público y participantes se marchaban a sus casas… y fue cuando un gesto realmente bonito sucedió. El ganador de la prueba, el que acabó el triple en tan solo 30 horas, le acompañó corriendo junto a él las dos últimas horas antes de entrar a meta.