por @cabesc

Es sensato ponerse en la línea de salida de una carrera de larga distancia sin haber hecho los deberes. Si lo llevamos a pregunta, su respuesta es rotundamente NO. Por el contrario la vida no nos pone en el lugar idílico en el momento óptimo, o al menos no suele avisar con la suficiente antelación como para tener todo bien preparado, y en cualquiera de los casos para esto de correr largo y lento casi mejor no tenerlo todo bien atado no vaya a ser que te levantes con un uñero y se estropeen los duros meses de preparación que te iban a poner en la línea de salida de ese ultra, ahora que te habías cortado el pelo, depilado para la ocasión y vestido como un auténtico pro, de cabeza a los pies con las mejores galas encontradas a super oferta en internet, no sin antes habértelo probado en aquella tienda que terminaron cerrando.

Decía que es sensato no haber hecho los deberes porque en realidad no quería llamarlo entrenar. Entrenar es cosa seria, eso no lo hace cualquiera. Buscar los límites inexplorados de la resistencia corporal no está en la mano de cualquiera o ¿es que entrenamos para no buscar los límites? Los que entrenan de verdad estarán menos expuestos al desgaste, observarán menos consecuencias en su organismo y el daño al que se verá sometido sus tejidos musculares quizás no sea crónico, pero la gran masa popular entrenamos para estar preparados sin más, podemos acudir a la llamada del click fácil de tu página de inscripciones favorita y apuntarnos, no a una, sino a varias carreras que nos harán más fuertes, duros, valientes y a la vez pobres. El ser humano está diseñado para más cosas además de estar sentado, de hecho, durante toda su evolución la porción que ocupa estar sentado no debe sobrepasar el 1%, aunque no me jugaría el dedo de una mano por ello, no vaya a ser que lo pierda y no pueda inscribirme a otro ultra.

El avance, porque nadie negará que es un desarrollo de tomo y lomo, que supuso caminar sobre los dos pies también nos permitió desplazarnos con mayor facilidad, favoreciendo el nomadismo y por ende: más largo más lento. Estoy convencido de lo de más lento ya que no creo que mis antepasados quisieran llegar los primeros a aquella cueva en el paralelo 37 sino que lo de verdad querían era llegar, sin más, nada de clasificaciones, lo que llamaríamos hoy una prueba “no competitiva”. Cualquiera sigue en carrera pudiendo cazar un mamut a orillas del Duero y resolviendo la comida en casa para más de un mes, salvo que fueras hinchado de solomillos de la época, entonces sí merecía la pena la medalla de esa “Popular de la Cueva, Memorial Lajas y Lascas”.

Me he desviado un poco, si he de reconocerlo. Decíamos que entrenar ¿para qué? Hoy día la vorágine preclasificatoria nos lleva a, nada más terminar de darle al intro de la inscripción, ponernos las zapas y salir a la calle, no vaya a ser que me falte tiempo para “entrenar”. Y en realidad, ¿Quién lleva la culpa de este ritmo vertiginoso en que se convierte todo este galimatías? Si, si, ya sé, me podréis decir que se acaban los dorsales, que se cierra el período de preinscripción, que no quedarán casas rurales en la zona, que debemos reservar billetes de avión, que tendremos que organizar dónde dejar a los críos mientras estemos allí porque “no se los vamos a dejar a tu padre que bastante tiene con las muletas”. Ya, me suena esa perorata, la he escuchado muchas veces, de mucha gente, de muchos amigos que han decidido apuntarse a esa carrera única que les permitirá bajar el precio del café del lunes siguiente entre 0 y 0’0 euros. Es más, les costará más caro que nunca porque la gente de IT de tu empresa querrá saber cómo es posible que hayas hecho el doble de tiempo del que ganó.

¿eh? ¿ahora qué? ¿Cómo es posible que entrenando hayas quedado el mil doscientos y pico … de tu categoría? Porque de la clasificación general has sido el dos mil y algo.

Sabias palabras amigo Sancho. ¿Entonces no debemos prepararnos? Si, por favor, yo no he dicho que uno no deba prepararse, he dicho que entrenar exige de unos sacrificios que nos van a llevar a poner a nuestro cuerpo a un límite del que no sabemos respuestas. ¿agujetas? No hablo de agujetas ni de cansancio, ni de rebajar nuestros depósitos de: grasas, carbohidratos, hierro, proteicos, no. Hablo de daños a nivel celular, de mantener la integridad muscular de las fibras, de tardar años en recuperarnos o incluso de no recuperarse nunca. Hablo de enfermar, de desgastar nuestras articulaciones, nuestros cartílagos, de favorecer la aparición de efectos secundarios, de mononucleosis, o espera, se definió muy bien en la guerra de Irak: daños colaterales (ah, esto era otra cosa, aunque me viene bien acoplarlo aquí). También podemos hablar de daños renales si hay roturas en los tejidos musculares que se filtren al torrente sanguíneo [1]. Entonces, correr = mal.

Decía que es mejor prepararse, lógicamente, algo que cuando he entrenado a gente, amigas y amigos que se han decidido a temporizar sus preparaciones conmigo, me ha parecido obvio y fundamental. Y salvo que la/s persona/s haya marcado en el calendario unos objetivos siempre he aplicado una máxima, estar lo suficientemente preparado en todo momento independientemente del instante de la temporada en que estemos para así poder enfrentarnos a retos, objetivos o carreras que se nos ponen delante y que estaban lejos del alcance del click el día de las inscripciones. ¿quién no ha descartado esa carrera “cerca de casa de tus padres” por estar demasiado pronto en el calendario y que luego se convierte en fetiche por cómo nos han tratado? ¿o se acaban los dorsales para la mítica prueba y tienes que reordenar tu calendario de entrenamientos y ya no cuadra con un par de ultras en que tienes dorsal?

Pero tampoco pretendo, ni quiero, dar aquí las pautas a seguir de una preparación al uso, porque uno de los principios del entrenamiento es la individualización, quizás el más importante porque se trata de individuos poniendo su cuerpo a un límite en un momento determinado. Busca la fuerza y la resistencia, mejora tu técnica de carrera y si te marcas objetivos, perfecto, lucha por ellos, establece hitos a lo largo de la temporada, planificarla con alguien que tenga los conocimientos adecuados en función de ti mismo, tu experiencia, tus condiciones, tu tiempo libre (porque entre los mandamientos está el de a tu familia tiempo robarás), tus ganas, factores determinantes para que seas la definición de “se te está quedando un figurín” o “estás fino” cuando vayas a tomar una cerveza con la gente de tu cuadra. Si te da miedo invertir en alguien que sepa puedes recurrir a la web y descargar algún plan de entrenamiento, pero con cautela, acompañado de Pruden y Constan, cerciorándote de quién lo planifica y con qué objetivo, si entre el tuyo y el de ese plan hay sintonía pues perfecto, sino cámbialo. Entonces, correr = bien.

Me reitero en el planteamiento, llegar el primero es cosa de pocos, en realidad solo de uno, los demás debemos estar lo suficientemente preparados como para montar en bici con la familia o para apuntarnos a un open btt de 70k, para subir esa montaña pendiente el día que la meteo acompaña o calzarnos unos esquís, echar una tarde patinando o jugarnos unas cañas en un tres para tres. Hacer el Camino de Santiago ahora que los chicos crecen o darle la vuelta al macizo del Mont Blanc si Ultreia te sabe poco. La intensidad es lo que nos puede diferenciar. Sabe a gloria ver cómo se va el sol y reconocer en nosotros mismos las condiciones que al día siguiente nos van a permitir realizar una actividad del mismo calado. Todos quisiéramos ser el humano de mayor edad terminando una carrera, ¡larga vida al run and roll!

llegar el primero es cosa de pocos, en realidad solo de uno

[1] ‘Entrenamiento físico y rendimiento deportivo’, Universidad de Zaragoza, Clínica Nasser y Centro de Medicina del Deporte del Gobierno de Aragón.