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Círculo Polar Antártico

CÍRCULO POLAR antártico

“Por debajo de los 40º sur no hay ley , por debjo de los 50º grados sur no hay Dios” (dicho ballenero)

Seguimos contando aventuras en esta sección, donde os intentaré adentrar en el mundo de las exploraciones y la aventura, ahora nos vamos al Sur, al mítico Polo Sur, 32 días de navegación en los mares más peligrosos de la Tierra

 

IMG_3954“HEMOS LLEGADO SEÑORES”, esas son las palabras que pronuncié cuando el marcador digital del GPS del barco se podían leer los 66º33´SUR, la mítica cifra que indica el comienzo de un lugar mágico, diferente, casi de otro mundo, el Círculo Polar Antártico, donde las palabras se congelan. En los ojos de los siete tripulantes del velero polar SANTA MARÍA se nos vio reflejado el frío, el hambre, el sueño, el cansancio, el miedo y sobre todo la incertidumbre, nos sentimos únicos, especiales, algo que ninguno de nosotros jamás podremos olvidar, convertirnos en los primeros navegantes del mundo en llegar en esas condiciones tan extremas a los confines de la Tierra.

 

Un mapa de la Antártida se desplegaba en la mesa del comedor de mi casa, donde Fran, Laureano y yo contemplaban sin pestañear como mi compás   trazaba la derrota del barco, una ruta en donde nos planteábamos  desde Ushuaia, al sur de Argentina, navegar por el Canal de Beagle, aguas que atraviesan territorios chilenos y argentinos, hasta llegar al mítico Cabo de Hornos, para, desde allí, navegar por  el mar más peligroso de la Tierra, el Mar de Hoces (que los británicos se empeñan en llamar Pasaje de Drake), más de 1000 millas náuticas, unos  2000 kilómetros, donde se unen las aguas del Océano Atlántico con las del Océano Pacífico más las corrientes frías de la Antártida, de ahí que a esta zona se le denomine la centrifugadora.

 

Lo peor no fue plantearlo sino que lo hicimos.

IMG_3979El día 18 de diciembre, y después de brindar con Neptuno, partimos desde el puerto de Ushuaia, la navegación por el canal Beagle fue tranquila, ahora nos tocaba la de verdad, así el día 20, de madrugada, doblamos el Cabo de Hornos, y allí empezó la fiesta, la mar se picó y de repente, como si de un gran escalón se tratase los miembros de la expedición notamos como el barco caía hacia unas aguas rugientes.

 

Todo parecía tranquilo los siguientes días de navegación, pero la tarde del 24 de diciembre, vísperas de nochebuena, todos en cubierta comimos turrón y brindamos, sin saber, que al caer el sol, todo cambiaría, comenzaba un temporal.

 

Olas de 14 metros y vientos de 70 nudos (unos 140 km por hora) azotaron el pequeño velero polar, su proa se hundía en el agua y por las ventanas del camarote solo se veíamos agua y más agua. Todos temimos por nuestra vida, el agua entró en el interior mojando el cargador del teléfono satélite dejándonos incomunicados con el mundo durante 5 días. Todo se mojó, la calefacción se estropeo al entrarle agua, la sensación térmica en el timón era de 30 bajo cero.

 

DSCN2219Después de estar luchando con el mar durante casi dos días, prácticamente sin dormir ni probar bocado, estábamos a tan solo dos horas de navegación para alcanzar nuestra meta, pero el agua empezó a congelarse, tuvimos que improvisar y convertir nuestro pequeño velero en un rompehielos. La velocidad bajó, el crujir del hielo roto por el casco del barco hacia que el ruido en el interior  fuera atronador, en cubierta, Fran y yo nos mantuvimos en el timón, y Laureano se colocó en Proa junto a Thomas para indicarnos por donde navegar para evitar los grandes témpanos de hielo que podrían producir daños importantes en la estructura del barco.

 

Y así, atravesando un mar completamente helado, eran más de las nueve de la noche del día 26 de diciembre, donde todavía había luz ya que en esas latitudes se produce el fenómeno de las 24 horas de sol en el verano austral, la expedición consiguió su meta, los 66º33´SUR, el CÍRCULO POLAR ANTÁRTICO, nos convertimos, sin saberlo, en la primera expedición mundial en llegar con un velero de 14 metros, sin escalas y sin apoyo logístico a esta línea mítica para los exploradores.

10.SCN2332A partir de aquí visitamos diversas bases científicas , pero sin duda la mejor fue la llegada a la Base Española Gabriel de Castilla en la Isla Decepción, ver la bandera española a más de 13000 kilómetros de tu casa nos emocionó a todos . Allí les hice las migas más australes de la Tierra.

En la base conseguimos realizar la primera videoconferencia entre la Antártida y el espacio con nuestro Miembro de Honor de la SAGCR el astronauta Michael López –Alegría, fue el broche de oro de una gran aventura.

 

Aventura con Manuel José Carpintero

Hola, ya me iréis conociendo, esta sección quiere convertirse en un punto y seguido al “carrerismo”, seguro que todos los que corréis os apasiona la naturaleza y la aventura, y en esta parte entro yo, para poneros los dientes largos y sobre todo abriros todo un mundo no muy conocido de expediciones y viajes, tanto de las que yo he hecho como de las que han realizado los mejores exploradores y aventureros extremos de la actualidad.

Esta vez os contaré una de mis expediciones polares, concretamente la que me llevo a recorrer la banquisa helada de Groenlandia en trineo de perros, la idea era la de alcanzar los confines de la Tierra llevando en nuestra mochila de explorador El Quijote y la Carta Puebla Fundacional de Ciudad Real, e intentar realizar de manera doble, el último poblado más al norte del planeta y llegar al Círculo Polar Antártico en un pequeño cascaron de 14 metros de eslora, realizándolas como las antiguas exploraciones científicas.

Íbamos a participar 6 expedicionarios pero como siempre ocurre el dinero no llegaba, y solo yo y Fran Ruiz Moyano fuimos los afortunados en partir hacia el Norte junto al experto explorador polar de AL FILO DE LO IMPOSIBLE  Ramón Larramendi.

Sin dinero, así marchamos los dos, solo con los billetes de avión  y lo suficiente para comprar las provisiones.

20 de marzo de 2005, vuelo Madrid-Copenhague,  todavía sin saber que hacíamos ahí metidos, nos embarcamos en un sinfín de vuelos, donde las escalas se medían por la cantidad de frio que nos iba a tocar pasar en el siguiente pueblo, unos diez grados menos  y cada vez los pasajeros iban disminuyendo.

Hacia el fin del mundoEn Kangerlusuak, primer pueblo después de la mítica línea que marca el Círculo Polar Ártico, los 66 grados 33 minutos Norte, en el vuelo nos acompañaban turistas para cruzar ese paralelo mítico, pero a partir de ahí empezaba la aventura, y mucho antes de lo que nosotros creíamos. Fran y yo ayudamos, sin saberlo, a empaquetar un trozo de historia, el primer catamarán polar que cruzaría la Antártida de punta a punta en los años posteriores, Ramón lo había construido y probado en Groenlandia antes de realizar su increíble travesía. Gracias a eso pudimos pasar el largo tiempo de espera, ya que el siguiente vuelo  retrasó su salida por el mal tiempo.

Nuestro vuelo partía hacia otro de esos nombres tan impronunciables en lengua Inuit, Ilulisat, el lugar donde se ven los icebergs más increíbles del planeta, aquí sufrimos una situación agridulce, ante la falta de dinero, conseguí  llevar a la expedición una cámara de video mini-dv, que la tratamos como oro en paño, ya que era la única ventana de la aventura al mundo, y allí, en una pequeña casa esquimal, un inoportuno toque en mi brazo hizo caer la cámara al suelo, con la mala fortuna que la mayor parte del  golpe fuera en el objetivo. Hasta ahí todo parecía normal, pero al encender la cámara, un desastre, estaba completamente desenfocada. teníamos 24 horas hasta el siguiente vuelo para intentar buscar una tienda donde pudieran arreglarla.

En un pueblo donde las casas eran todas iguales, excepto por el color, empezó la búsqueda de alguien que nos ayudara. Chapurreando el inglés y los gestos, ya que muchos Inuit no hablaban inglés conseguimos encontrar un servicio técnico, pero el dependiente nos dijo que la tendrían reparada en 4 días,  algo imposible, y las cámaras que el vendía se llevaban todo el dinero que teníamos para el resto de la expedición. Cabizbajos, entramos en una cafetería, Fran intentaba calmarme quitándole importancia al asunto, pero sabía que era esencial tener documentos de video sobre la expedición, la impotencia y el enfado me hicieron gritar, y  tiré la cámara contra la mesa, los dos nos miramos, la encendimos y como nueva. Escribí en mi diario:

“UN GOLPE ARREGLA OTRO GOLPE”.

Y aquí comenzó el gran salto, de Ilulissat a Upernavic, donde la temperatura llegó a los 25 grados bajo cero, y aterrizamos en una pista donde todo lo que les rodeaba era hielo y un relieve montañoso. Groenlandia es una gran isla con un tamaño que es cuatro veces el de la península Ibérica, y donde el grosor del hielo alcanza, en algunos puntos, más de 2000 metros.

Ya estábamos cerca de nuestro punto de partida en trineo de perros, nuestro último vuelo fue dirección a la mítica ciudad del Norte, Thule. Aquí el ayuntamiento nos cedió una casa al borde de una playa congelada, donde el hielo atrapaba los Icebergs que se mueven durante el deshielo.

Comienza la locura, a comprar provisiones para el viaje, esta era su lista de la compra:

  • Sopas, infusiones y azúcar.
  • Carne de ballena y paté.
  • Pasta y salchichas.
  • Alcohol de quemar (esto solo se podía comprar con un permiso oficial),  para el hornillo PRIMUS.
  • Barras de mortadela.
  • “Los pedrolos”, pan muy duro danés que soporta mucho tiempo comible.
  • Café, leche y galletas.
  • Alibut, pescado congelado para los perros.

Pero lo más increíble que compramos fue una botella de vino manchego, Viña Albali, encontrar ese vino en estas tierras parecía tener un buen presagio, aunque nos costara unos 25 euros.

Ahora empezaba la segunda parte, sin dinero, conseguir convencer a los Inuit amigos de Ramón que nos dejaran un trineo de perros y su respectivo tiro. En un principio la expedición se planteo para que cada expedicionario viajara con un trineo de 16 perros y un Inuit acompañándoles en él, pero las circunstancias nos hicieron ir a la desesperada e intentaron hacerlo en uno solo los tres.

Después de gastar  los 3 días de margen que teníamos para asegurarnos cumplir los objetivos y las metas, debido a la búsqueda de los perros, el día 24 de marzo comenzamos la andadura por la banquisa congelada de Groenlandia, con el objetivo de llegar al más puro estilo esquimal al último lugar habitado de manera natural más al norte del planeta, Siorapaluk.

“¡ACHU, ACHU!” increpaba Ramón a los perros, algo así como ¡vamos vamos!, pero ni Fran ni yo nos imaginábamos que  ese recorrido de 5 días iba a ser muy duro, ya que solo uno o dos como mucho y en determinados tramos podían ir en el trineo, el tercero tenía que ir corriendo al lado del mismo al ritmo de los perros, circunstancia me llevo a perder 14 kilos de peso en 12 días de expedición. Aquí aparece el running solo que a 40ºbajo cero y con cuatro prendas superiores y cuatro inferiores, he llegado a sudar a esa temperatura, increíble.

En  este recorrido de unos 70 kilómetros hasta Siorapaluk necesitamos hacer dos etapas, donde el objetivo de la primera era llegar a una pequeña cabaña de caza, que los esquimales utilizan cuando se pasan meses fuera para cazar focas y osos polares para tener carne para todo el año.

El principal problema de este recorrido era el grosor del hielo, ya que este oscilaba desde los 10 cm a los 2 metros, hundirse en estas aguas más de 2 minutos supondría la muerte de hipotermia, cosa que me pudo ocurrir . Me encargué de realizar la grabación de video para el documental, solo podía grabar un máximo de 2 minutos, ya que la cámara se condensaba, para mantener la temperatura de la misma me la metía entre las cuatro capas de ropa que llevaba, y aún así las baterías se descargaban a una velocidad vertiginosa, estando en pleno proceso de grabación, yo estaba fuera del trineo y mantuve en la cámara un plano donde el trineo se alejaba por el horizonte helado donde la banquisa atrapaba un tempano de hielo y ellos lo rodeaban, en ese momento, apagué la cámara y dirigiéndome hacia ese trozo de hielo donde detrás me esperaban mis compañeros, noté como el hielo crujía con más intensidad, y sin darme cuenta me vi con una pierna dentro del hielo y la otra fuera, ellos no me veían, la situación podía ir a peor, pero la calma con la que actué me hizo sacar la pierna del hielo evitando así un gran problema de hipotermia.

Por fin en la cabaña, un habitáculo mínimo, donde atamos a los perros, que nos dieron varios sustos, ya que eran de distintos dueños y el líder no era respetado por todos, pero Ramón les supo sacar el mejor partido y haciendo que el perro jefe de la manada se convirtiera en pieza clave para llegar a Siorapaluk.

a 40 bajo ceroCuando la temperatura alcanzó los 40 bajo cero, nos dimos  cuenta que encontrar la cabaña era fundamental para poder soportar ese frio extremo, ya que de no haber sido así tendrían que haber hecho un agujero en el suelo colocar las piles de caribú que les prestaron los Inuit y poner el trineo tapándolo e introduciéndose dentro con los sacos encender el hornillo, daba escalofríos de pensarlo, ya que la cabaña con el mismo hornillo alcanzaba los 20 grados de temperatura, increíble para el frio que hacia fuera.

Recogimos hielo para derretirlo y beber agua súper pura, con el cuidado de no coger agua de mar y sí de los témpanos de hielo que se desprenden de los impresionantes glaciares que nos rodeaban, mientras los perros, los auténticos titanes de la expedición, se hacen un ovillo en el hielo aguantando toda la noche en él, pero la noche es corta, nos encontrábamos en la época del año donde casi tienen las 24 horas de luz, y la noche es como una penumbra solo dos horas de ella son en oscuridad, aquí es donde sacamos nuestro telescopio para observar el cielo Ártico, disfrutando de una limpieza de cielo única en el mundo, pero con la dificultad de manejar el telescopio sin guantes a 40 bajo cero.

Siorapaluk estaba más cerca, pero correr y andar en el hielo nos empezó a pasar factura y nos dimos cuenta que no era un viaje cualquiera, que se trataba de una aventura dura y muy difícil de realizar.

En este último tramo hasta llegar a nuestra meta, nos vimos obligados a desviarnos de nuestro rumbo ya que el deshielo lnos hizo cambiar la ruta hacia el interior acercándose peligrosamente a los dominios del ursus maritimus o lo que es lo mismo el oso polar, el rey del Ártico, con lo que necesitábamos llevar armas para protegernos de un posible ataque.

Los perros cada vez iban mejor, y los tres nos encontrábamos más cómodos en nuestros turnos de carrera, donde aprendimos a dominar el trineo y de esta manera entender mejor la vida tradicional Inuit. Ramón aprendió en estas tierras durante tres años de travesía para poder cruzar el Ártico, ya que los  pobladores de estas latitudes son considerados los mejores viajeros polares del mundo, han pasado a la historia gracias al papel determinante que desempeñaron en la conquista del Polo Norte realizada por Robert Peary, Mathew Henson y 4 Inuhit en 1909.

Fran y yo, trabajamos duro, y la recompensa llegó, el día 25 de marzo de 2005, después de doblar el Cabo Cleveland nos quedaba cruzar el Glaciar Mac Cormic, que se nos hizo eterno con el peligro de los osos polares merodeando por la zona, parecía que nunca llegaban, pero justo después de rodear el Cabo Kangeq vislumbramos en la falda de una montaña unas pequeñas casitas, Siorapaluk lo teníamos a la vista, este pequeño pueblo que en su lengua local significa playita lo habitaban unas 40 personas que se dedicaban a la vida tradicional Inuit.

Fran se bajo del trineo y se cruzo el Glaciar Robertson a pie que era el hielo que les separaba de Siorapaluk, mientras Ramón y yo continuamos con el trineo, los perros también vieron el pueblo y aceleraron el paso, con algún susto que otro ya que al ir más rápido los desniveles del hielo movían el trineo de arriba abajo y casi nos tiran del mismo.

Al llegar nos estaban esperando un sequito de niños esquimales que nos saludaban efusivamente, llevaban más de dos horas observándonos desde que cruzamos  el cabo y se preguntaban que hacían allí con esas pintas y para qué. Después de 40 minutos llegó Fran exhausto pero con la cara de felicidad de haber conseguido un logro increíble.

Una mujer nos ofreció su casa para descansar, por fin íbamos a tener una cama donde dormir, aunque sin ducha, eso es un privilegio en esos lares, pero cuando nos disponíamos a cocinar su carne de ballena nos dimos cuenta de que nos la habíamos dejado en la cabaña de los cazadores, así que nos toco cenar sopa de tomate, que les supo a gloria.

Después del descanso al día siguiente  fuimos a la escuela, para hacerle entrega a la maestra del ejemplar del Quijote que llevábamos y de la carta puebla de Ciudad Real, la maestra quedo impresionada con el proyecto de nuestra aventura y nos invitó a comer un estofado de caribú y a darnos una ducha, por fin. Aquí fue el momento de brindar con la botella de vino manchego que conseguimos en Thule y a través del teléfono satélite transmitimos nuestro éxito a los familiares y amigos de la SAGCR, Don Quijote cabalgaba con Rocinante en la inmensidad blanca.

 

Hermanamos esta ciudad con Ciudad Real, haciendo así algo histórico además realizamos la primera lectura del Quijote en tierras Árticas.

Cuando pensábamos que todo estaba hecho, en el retorno hacia Thule nos encontramos con una tormenta de nieve que nos hizo desviarse muchos kilómetros del recorrido hacia mar abierto con el peligro de caernos con todo el trineo, pero gracia al GPS conseguimos encontrar el rumbo correcto y llegar de nuevo a la cabaña de los cazadores, donde realizamos una nueva observación astronómica y una conexión en directo con la cadena SER donde nuestro primer Miembro de Honor de la SAGCR, el científico y divulgador Manuel Toharia nos habló en directo, una conexión emocionante con los confines de la Tierra.

Una vez ya en Thule, y esperando el avión de vuelta, este fue cancelado por el mal tiempo, y este contratiempo nos supo a gloria ya que no teníamos hotel y gracias a la cancelación la compañía aérea nos tuvo que poner uno tanto en Thule como en Ilulissat, disfrutando en ambos pueblos de sus glaciares y icebergs.

Ya solo nos quedaba cumplir la otra parte del reto, viajar al Polo Sur.

Gemma Arenas – Entrenamiento y genética

Citamos a Gemma Arenas en el lugar en el que comenzó a forjar su leyenda. Las pistas del Polideportivo Rey Juan Carlos I de Ciudad Real han sido el salón en el que esta almagreña se ha coronado hasta en cuatro ocasiones como la reina del atletismo de Castilla-la Mancha, venciendo en la mítica distancia del maratón. Tocó la gloria sobre el asfalto y decidió pasarse al campo, donde también está consiguiendo resultados tan importantes como el campeonato de España de Ultra Trail del año pasado.

Casada, comparte su pasión por este deporte con su marido Agustín Luján, y reparte su vida entre su trabajo, sus hijos y los entrenamientos. Atiende a Runin926 para recordar su trayectoria deportiva, para conocer a la persona que hay detrás de la atleta y cuáles son sus objetivos de cara a este 2015.

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¿Cómo es la Gemma que los aficionados al atletismo no conocen?

Soy una persona corriente, como cualquier otra, dedicada a un trabajo, a una familia con mi marido y los dos niños, y sacando un ratito para el deporte, que me encanta, sobre todo correr.

¿Y cómo empezó su afición al atletismo?

Cuando estaba en el colegio, se me daba muy bien correr, sobre todo el campo a través, que en aquella época estaba muy de moda. Pero cuando terminé la etapa escolar, en mi pueblo, Almagro, no había escuela de atletismo, así que empecé a trabajar y lo dejé todo. En el 2004, el por entonces mi novio fue a correr la media maratón de Madrid y yo le acompañé. Tanto me gustó el ambiente y ver a la gente correr que me propuse hacerla yo al año siguiente. Y así fue, la preparé y en 2005 hice mi primera media maratón con una marca de 1 hora y 58 minutos, pero lo más importante es que disfruté un montón con aquella experiencia. A partir de ahí seguí participando en algunas carreras, pero no a nivel de competición, fue después de casarnos cuando nos propusimos dedicarle más tiempo. Hemos tenido mucha suerte y entrenando hemos conseguido tener buenas marcas.

2008 también fue un año importante, porque ahí se produce su primera participación en el Circuito Provincial de Carreras Populares. Podríamos decir que aquello fue un gran punto de inflexión en su trayectoria deportiva.

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El circuito ya llevaba un año, pero yo no estaba inscrita porque apenas había empezado a correr. Participé en las cuatro últimas pruebas y fue muy bonito y me gustó mucho el ambiente que se vivía. Eso me decidió a inscribirme el año siguiente y aquello fue un aliciente muy bueno para mí, de hecho desde entonces he estado inscrita todos los años, excepto los dos en que tuve los embarazos. El año pasado sólo pude correr cuatro pruebas, y las gané, porque estaba más centrada en la montaña y me coincidían muchas carreras. Pero puedo decir que en el circuito he hecho muchas amistades y creo que siempre las tendré.

Hoy estamos en el Polideportivo Rey Juan Carlos I, un sitio bonito para ti, porque aquí ha conseguido sus cuatro triunfos en el Maratón Popular de Castilla-la Mancha.

También he ganado alguna vez el 10.000, la Carrera Urbana que forma parte del Circuito provincial. Me encanta correr tan cerca de casa porque siempre tienes mucha motivación.

En 2014 llega el paso a la montaña, otro punto de inflexión muy importante.

La verdad es que sí, la montaña es muy divertida, también he tenido la suerte de congeniar muy bien con ese terreno, a pesar de no tener muchas opciones de poder entrenar cerca de casa. Me he adaptado muy bien, he tenido varias victorias e incluso puestos interesantes, como en el pasado Ultra Pirineu, última prueba de la Copa del Mundo, donde corrí con las mejores y quedé cuarta. Estoy muy satisfecha con los resultados conseguidos hasta el momento, y de cara a este año tengo nuevos proyectos en mente y espero afrontarlos con un gran éxito también.

Entramos ya en el terreno de lo personal. Esta es una pasión compartida con su marido, Agustín Luján, imagino que eso también ha tenido mucho que ver en esa progresión tan espectacular que ha vivido en su trayectoria como atleta.

A él también le gusta, aunque siempre ha sido más de bici, más triatleta, incluso natación. No tenía tanta afición por el asfalto, pero al conocer el mundo de la montaña le ha encantado. Es totalmente distinto, subes, bajas, corres de una manera muy diferente. Te permite poder olvidarte un poco del reloj, porque en asfalto siempre estás controlando el ritmo que llevas.

En cambio, en su caso, sí que ha sabido sacar el gusto por ambas disciplinas.

A mí correr rápido me gusta mucho, pero he conocido la montaña, es un mundo totalmente distinto y se me está dando bien, así que quiero aprovechar estos años. Luego ya, cuando no tenga el nivel para estar en la élite, seguiré corriendo tanto en asfalto como en montaña, pero a nivel popular, porque lo importante es correr. Aprovecho para animar a la gente a que haga deporte porque es algo que te aporta muchísimas cosas positivas.

Hablábamos antes de puntos de inflexión en la trayectoria deportiva, pero también hay momentos muy importantes en su vida personal. Me refiero al nacimiento de sus dos hijos, aunque sorprende la capacidad que ha tenido para que su vida no cambie un ápice respecto al deporte.

Con la gran ayuda de mis padres y de mis suegros, que son quienes se quedan con ellos cuando voy a entrenar o cuando hago un viaje largo, he podido compaginarlo. Siempre que puedo me los llevo para disfrutar de ellos cada vez que corro, y la verdad es que lo he llevado bastante bien, aunque he tenido dos cesáreas me he recuperado muy bien en los dos casos y enseguida he vuelto a correr, y además disfrutando de la familia.

Ese es otro aspecto muy sorprendente, un nacimiento con cesárea, y prácticamente al mes ya estaba de vuelta al asfalto

Después de nueve meses de no hacer nada tenía muchas ganas de volver a correr, y aunque fueran cesáreas yo notaba que me recuperaba pronto y volvía a hacer buenas marcas, reconozco que eso es una pasada.

“Me gustaría poder correr alguna carrera con mis hijos”

Esto también puede ser un ejemplo para muchas mujeres que son deportistas y que en algunos casos con la llegada de los hijos abandonan un poco esa faceta.

Siempre que tengas ayuda, puedes sacar un rato para ir a entrenar y también para disfrutar de ellos.

Cuéntenos cómo es su día a día en cuanto a esa conciliación de las vidas laboral, familiar y deportiva.

Tengo reducción de jornada en el trabajo y sólo voy 15 días al mes, por lo que la otra mitad la tengo libre. Los días que trabajo, a los peques los veo un poco menos porque cuando salgo tengo que ir a entrenar, pero tampoco entreno todos los días. Suelo entrenar cuatro días a la semana, incluyendo la competición, por lo que los otros tres días puedo disfrutar más de ellos. Y en cuanto a la quincena en la que no trabajo, los dedico más a entrenar y más a estar con ellos.

¿Hasta cuándo se ve corriendo?

Si les gusta este mundo, a mí me gustaría por lo menos llegar a correr alguna carrera con mis hijos.

Para entonces lo normal es que haya vuelto al pelotón popular, a vivir el atletismo desde una perspectiva diferente a la de ahora.

Yo empecé en el grupo de atrás y he ido evolucionando con los años. Ha sido un proceso de entrenamiento y de experiencia lo que me ha hecho mejorar. Pero yo he sido corredora popular y esa experiencia me ha encantado, claro que me gustaría volver a vivirla.

¿Ha echado en falta más ayudas, de nivel institucional o de otro tipo?

Todos sabemos que este deporte, el atletismo, no suele recibir muchas ayudas. A lo mejor si eres muy buena y despuntas mucho puedes tener algo más. Ahora en la montaña estoy consiguiendo algunos logros como ser campeona de España de Ultra, y eso también te da más nombre, y sí que este año voy a tener unos patrocinadores que me van a aportar una cantidad económica para ayudarme por lo menos en la Copa del Mundo y en el Campeonato del Mundo, que no salga todo de nuestro bolsillo.

Aquí en la provincia ya es muy conocida, pero además, estos nuevos éxitos en la montaña le están permitiendo darse a conocer en otros ámbitos.

Es algo que me ha sorprendido mucho del cambio del asfalto a la montaña. Que vayas a un sitio a correr y la gente te reconozca es una pasada, incluso se quieren hacer fotos contigo aunque yo me considero una persona normal y corriente.

Hablemos de futuro, viene un año muy cargado pero con proyectos muy bonitos.

Cargado porque es todo de ultras prácticamente, pero con muchas ganas. Haré también pruebas en línea que me van a servir de entrenamiento, porque me gusta que uno de los días de entrenamiento a la semana sea de competición, eso me permite descargar un poco el tiempo entre semana para dedicarlo a otras cosas. Espero que sea un buen año y que pueda conseguir los objetivos planteados.

Gemma Arenas se despide con gratitud hacia Runin926, esta nueva publicación que ha contado con ella para su estreno. Mucha suerte a la atleta almagreña a la que deseamos un año en el que pueda alcanzar todos sus objetivos.

Entrevista: Wenceslao Montarroso

Fotografia: Carlos García-Donas Fernández

Datos Personales

Gemma Arenas

37 años

Casada y con dos hijos

Fechas:

2005: Corre su primera media maratón en Madrid con un tiempo de 1h 58′

2008: Se inscribe por primera vez en el Circuito Provincial de Carreras Populares

2011: Consigue su primera victoria en el Maratón Popular de Castilla-la Mancha (luego llegaría tres más en 2012, 2014 y 2015).

2014: Primera experiencia en la montaña, gana la Maratón Alpina de Jarapalos y los 101 kilómetros de Ronda

2014: Se proclama campeona de España de Ultra

2014: Segunda en la Copa de España, gana 3 de las 4 pruebas en las que participa

2014: Participa con la selección española en el Campeonato de Europa Ultra, logrando la séptima plaza individual y la primera por equipos.